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No molestar, niños y padres disfrutando

“Tu risa me hace libre, me pone alas…” – poetizaba Miguel Hernández en su Nanas de la Cebolla para expresar los milagros provocados por un hijo. Y cualquier padre puede confirmar esas emociones con solo detenerse unos instantes frente a los seres que llegaron desde  su amor para despertarle algo mas que el apellido.

Los hijos son maravillosos, nadie lo duda. Son el impulso y orgullo de casi todos los papás y mamás del mundo; ellos recrean el sentido de las cosas, abonan las simplezas, multiplican los proyectos. Pero en estos tiempos apurados, repletos de obligaciones que succionan horas y energías, en el baúl de las postergaciones suelen amontonarse cuestiones tan importantes como el disfrute compartido con esos niños.

Los momentos de Alegría en el hogar son tan nutritivos e imprescindibles para el crecimiento humano como el alimento diario, pero a diferencias de este, la alegría se multiplica cuando se comparte. Sentir que en la familia se da lugar al festejo de estar juntos no es poca cosa, es el camino mas seguro para llegar a ser un adulto feliz.

Desde estas líneas no deseamos proponer a los padres un trabajo extra que complique hasta el infinito las ajetreadas rutinas; al contrario. Es una invitación –aprovechando la “excusa” del día del Niño- a refrescar la mirada para reciclar el asombro, conectar la cosquilla, jugar con ganas, volver al niño con nuestros niños. Y gozar.

“Los chicos son la alegría -asegura la Lic.en Psicopedagogía Carolina Pascotto, -. A lo mejor no se les da la posibilidad de que la ejerzan porque las exigencias externas les comprimen el tiempo lúdico, creativo.

Acercarnos a los hijos desde la sana actitud de comprender sus mundos, interesándonos por las cosas que les gustan, los juegos, los libros, las películas, las personas y los temas que prefieren, puede convertirse en un ejercicio de enriquecimiento mutuo.”

Los adultos recortan la caricia o el abrazo, se pierden la gracia de la última parte del relato, no responden a la pregunta porque si no llegan tarde al banco, a la oficina, a la enésima obligación impostergable. Esto genera situaciones confusas, se complican los encuentros.

Hay que revalorizar profundamente el espacio de los pibes; no como requisito social para parecer buenos padres sino contactando con ese hijo provocador de algarabía con sus comentarios, su sabiduría natural.

Hay que idolatrarlos en su Unicidad y abrirse al intercambio de descubrimientos en un ida y vuelta que enriquecerá espontáneamente. Cuando el adulto mira a través de los ojos-niño sintoniza mas fácil el regocijo; redimensiona las ansiedades, las amarguras, se siente mejor.

Es una pena desperdiciar las respuestas que los geniecillos despilfarran explicando con sus lúcidas lógicas las situaciones mas complejas. Escucharlos, ser permeables a los planteos, agiganta el universo de los “grandes” y les rebrota la esperanza.

Es una invitación a refrescar la mirada para reciclar el asombro, conectar la cosquilla, jugar con ganas, volver al niño con nuestros niños. Y gozar.”

El tema no es plantar a los papás que, además de todas las complicaciones que tienen para ganar dinero, realizarse profesionalmente, sostener o no un matrimonio, deban esforzarse para que el chico esté contento. Es al revés: si el adulto se dá la oportunidad de vincularse con el niño recupera el sentido básico y transforma su escala de prioridades; la vida se le vuelve mas simple”.

Mimos y Juegos

Es interesante comenzar por preguntarnos cuándo el bebe soñado que fuimos, esperado con amor por quienes nos rodeaban, dejó lugar a la persona endurecida por exceso de responsabilidades, que se aleja de los placeres sencillos, adormece su curiosidad, se abrocha al suelo.

Este puede ser un buen punto de partida para religar con la semillita del disfrute: concientizar que somos el mismo bebé maravilloso necesitado de mimos y reconocimiento, al cual sumamos la intransferible experiencia de haber crecido.

El niño cronológico – quien está instalado en la infancia porque sus años así lo indican- es el Maestro que mejor puede guiarnos hacia el reencuentro con el pequeño que fuimos, ese capaz de expresarse naturalmente, de reírse a carcajadas , de sacudirse las broncas saltando. Pues si bien el crecimiento implica adaptaciones y otros límites, no es condicionante del mal humor, la apatía o la anestesia emocional.

Acercarnos a los hijos desde la sana actitud de comprender sus mundos, interesándonos por las cosas que les gustan, los juegos, los libros, las películas, las personas y los temas que prefieren, puede convertirse en un ejercicio de enriquecimiento mutuo.

Aprender una canción recién salida del jardín que vocaliza el chiquitito entusiasmado ante una mamá alumna no requiere demasiado tiempo, sin embargo puede generar un momento irrepetible capaz de provocar sonrisas para el resto de la semana.

Dar lugar al disfrute no es “Bueno, es Sábado, salgamos mientras mirando el reloj apuramos el paso porque es tarde para la película y después comemos casi parados con la bandeja a upa porque el patio de comidas  esta repleto de gente…

La alegría que alimenta es menos prefabricada; es un tiempo dentro del tiempo pequeñito pero valioso, un gesto que le confirma al otro que esta presente en uno.

No hay fórmulas para lograrlo, la sola predisposición sensibilizará múltiples alternativas. Entonces  el roce de las manos apoyadas en sus hombros, una mirada cómplice, una notita junto a la taza del desayuno que no enumere tareas a cumplir sino afecto, una invitación a la “vuelta al perro”, una oreja concentrada en la letra de sus temas elegidos, una música divertida que nos empuje a bailar juntos y desenfrenados por toda la casa, un brindis improvisado con chocolatada porque sí nomás, serán la fiesta donde celebrar las Buenas Cosas de la Vida.

Vivimos épocas muy complicados, nadie lo duda; pero los niños todo el tiempo nos muestran sus “trucos”. Podríamos intentar  imitarlos un poco cuando juegan: ellos simplemente se entregan. Los chicos no hacen como si. Ellos se comprometen, son Superman, la princesa, el dueño de la pelota…sin detenerse en cuánto tiempo tienen, si la ropa es adecuada, si los zapatos están lustrados o el maquillaje necesita un retoque. Ellos Son. Animémomos a SER.