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Juan Carlos Turco: “No quiero ser más importante que la alegría de un niño”

Castelar Sensible propone una entrevista a un Hombre Valioso quien, habiendo crecido sin la presencia  cotidiana de un papá, logró convertirse en un ser nutritivo y ejemplar no sólo para la  propia descendencia sino para toda su comunidad:

Juan Carlos Turco, retrato un Gran  Padre.

Su Vida es como un cuento que él sabe contar muy bien. Habla lindo de lo lindo y de lo tremendo e invita con tono suave y sonrisa permanente a creer que cada paso del camino entre piedras y rosas, le dio sentido al siguiente.

Cumplió 78 años el 9 abril y recién a los 30 tuvo el registro del primer Hogar; el que formó con su querida compañera Dorita, con quien parieron a sus hijas Elisa y Nidia que mas tarde los hicieron abuelos de Maia; Dimitri; Donatella y Sixto.

Desde 1969 vive en Castelar –recorrida a los cuatro años en el carro con el que su padre repartía verdura en “Loma Verde”, el primer nombre de nuestra localidad– y donde regresó después y sembró tanto que llegó a ser nombrado Ciudadano Ilustre de Morón.

Hijo de una aborigen y un tano –como describe sus orígenes–, la infancia se le gastó en un internado del que recuerda poco y como en un sueño de otro.

Se hizo grande sin haber sido niño pero de cada anécdota supo captar la luz necesaria para elegir el sendero del corazón y transformarse en un hombre generoso, siempre solidario, admirado por cada persona que tiene el honor de conocerlo.

Un encuentro con este caballero es la invitación a postergar las urgencias para celebrar lo profundo. Turco dedica su vida entera a Dar. Es un ser memorioso de cada persona que le tendió una mano y nada detiene su impronta de Servicio para quien lo necesite. Se considera afortunado; le gusta charlar, le gusta escribir, y para esta nota prestó trazos de la autobiografía que está tejiendo con la rica trama de su andar y algún día será libro.

“La vida que viví no fue buena ni mala, no sé si a cada instante me caía en el abismo o salía volando como un ave dejándome llevar por las corrientes cálidas y mirando el mundo desde arriba. A las cosas importantes les restaba importancia y a las simples les buscaba su arista filosófica y las hacía difíciles. A veces, chupar un chupetín tenía la misma trascendencia de una conquista mayor”. Así describe en su obra aquellos tiempos donde no conocía lo que era un abrazo y el mundo se reducía a las paredes del patronato de la infancia, las órdenes de desconocidos y la comida espantosa.

A pesar de aquellas soledades; de no tener noción de su nombre completo y de no entender la dimensión de las cosas “en ocho años me visitaron ocho veces”, él no se resintió y fue construyendo su historia de a poquito.

El 12 de Febrero del 43 le presentaron a una mujer y a un hombre que lo fueron a buscar para llevárselo del patronato: eran su madre y la pareja de ella, a quienes no reconocía. Tenía doce años y recuerda el susto que sintió. Como un extraterrestre que de repente aterriza en este planeta subió al ómnibus, llegó a once… y conoció a un hermano mayor. Vinieron a Castelar por una semana y lo primero que vio y se volvió su única referencia segura para ubicarse, fue el cartel de una mueblería con un gran muñeco de chapa (donde hoy se encuentra la pinturería Pisano), que le avisaba que estaba en el lugar adecuado.

Para mi el placer mas grande es ir a visitar a los chicos a un grado y que me pidan a los gritos que les cuente un cuento o les recite una poesía. Y yo comparto con ellos muchas de las cosas que escribí para mis hijas cuando eran chiquitas…”

Se mudaron a Ciudadela, luego a la capital y fue conociendo las reglas de la calle a medida que ponía el cuerpo; con mucha suerte según lo entiende. Imaginate que trabajaba de diariero aquel 17 de octubre del 45 repartiéndolos en la Plaza de Mayo y yo ni idea de lo que estaba ocurriendo. Una tarde estaba haciéndome el extra de abrir la puerta a los coches importantes para que subieran sus dueños, cuando me quiso arrestar un policía por el delito de “mendigar” y la señora emperifollada lo frenó diciéndole que ella me había llamado para comprarme el diario y comentarme algo.

La actitud de esa mujer me quedó fijada y aunque en el momento no la pude entender con la madurez comprendí que, sin sospecharlo, ella me había marcado que yo andaba por el buen camino.

 Y Carlitos se animó a crecer

Para entonces conocí a Isabel, mi hermana mujer; fui a trabajar a una fábrica de vainas y luego a una panadería donde considero que, ahí sí, empecé a hacer pie en la vida.

Sus dueños, los gallegos Antonio y José García; eran anarquistas maravillosos que me trataban bien, sin peso, con una igualdad serena que me hacía sentir Persona.

José me enseñó la importancia de alimentarme bien, de darle valor al dinero que ganaba, de ser el dueño de mis documentos ¡y de saber cuál era día de mi cumpleaños! Él me hizo comprar mi primer par de zapatos y confeccionar el primer traje con mi propio sueldo; me transmitió la dignidad del trabajo (no pidas, trabajá y reclamá) y me llevó ala RomeríaEspañoladonde me enseñaron a bailar la jota y la muñeira y al Teatro Avenida a escuchar a Gloria Fortuna y María Antinea.

Cuando los gallegos vendieron el negocio él partió hacia Mar del Plata donde estaba su madre y allí se quedo. Tras cumplir con el servicio militar en Puerto Deseado volvió y se presentó en el sindicato de los panaderos donde aprendió mucho de derechos y obligaciones. Al final de la temporada marchó con los dos compañeros de cuarto rumbo a Bs. As. Inmediatamente consiguieron una pieza en una casa de Colegiales y trabajo en la sección quinta de Belgrano.

Los fines de semana se venía con sus amigos para Morón sur a la casa de un santiagueño donde bailaban folklore, comían, contaban cuentos, se entretenían. Allí conoció a la “morocha” a quien una tarde, en una confitería, frente a unos vasos de té que recuerda lindos y brillantes, le ofreció matrimonio.

No hay nada que me moleste de Castelar; hasta comprendo la necesidad de los edificios nuevos. Aunque me gustaría que se vuelva a jugar en la vereda; que no haya rejas y que no pintarrajeen las paredes de casas y escuelas con cualquier barbaridad. Yo les digo a los jóvenes que con lo que cuesta un aerosol podrían comprar unos cuantos café con leche para los chiquitos de los carros. Los mensajes con contenido, los dibujos de la plaza Cumelén, eso sí son una hermosura. Eso es arte, invitan a pensar.

Me gusta la calle de al lado de la vía, con mis eucaliptos. Y la calesita”

En la pensión donde vivía conoció a un hombre que resultó ser jefe de taller dela MercedesBenzy lo llevó a trabajar con él. Entre 400 personas aprendió el oficio de mecánico y rápidamente fue elegido como delegado. Su trayectoria laboral formal se completa en el año 80 cuando instaló su propio Taller Mecánico en la calle Sarmiento de Castelar.

En 1996 Turco sufrió un accidente que lo dejó inconciente, con golpes en la cabeza, una fractura de fémur y una infección hospitalaria que lo molestó durante cinco años. Pasó 37 días en el hospital de Córdoba desde donde lo trasladaron al de Haedo. Ahí se notó la popularidad –el cariño que despierta en realidad–; de Juan Carlos. Fueron incontables las personas que hicieron cadenas de oración y otras movidas para acompañarlo a él y a su familia durante el mal trance. Estaba aún en silla de ruedas cuando retomó su gira por los pasillos de la escuela 7.

En nombre de cada uno de los pibes de la calle a los que –nos consta– le compra facturas cuando pasan con sus carros; y en el de cada uno de los chicos y de los grandes que somos bendecidos por su ternura le decimos: ¡Gracias Turco! Y Feliz Día –Vida del Padre! Es usted un Orgullo para la gente de su querida Castelar.

Perfil de un hombre verdaderamente “Rico y Famoso”

Aunque desde su modestia él insiste en que no tiene nada de especial, en esta síntesis ajustada de sus obras se puede percibir que sí lo es. 

Con Dora (vicepresidenta en este momento dela Soc.de Fomento); tesoro de Mujer; tan infatigable y solidaria como su marido, se vinieron a vivir en la casa que construyeron por estos lares y pronto Turco comenzó a dar una mano en  la escuela Nº 7 porque el vecino Miguel Font, presidente de la cooperadora –otro “personaje” que había puesto su propia casa en garantía para poder comprar lo necesario para hacer el techo del gimnasio de la escuela–, le pidió que soldara los laterales de ese techo.

Cuando entró su hija a estudiar allí lo eligieron vicepresidente y nunca más se fue. En estos días se encuentra concentrado en la organización de los festejos de los 125 años de la escuela a celebrarse en Octubre.

Fue uno de los fundadores de la escuela de Educación Media Nº 12 de Munilla y San Nicolás que se construyó entre 1985 y 1992 y colabora desde hace años en forma ininterrumpida enla Sociedadde Fomento Almafuerte yla Biblioteca9 de Julio de Castelar.

También junto a Dorita, Juan Carlos está en la cooperadora del CEC 801 (Centro Educativo Complementario en Merlo y Curuchet) donde van los chicos en contraturno para recibir ayuda escolar y desayuno o merienda.

Y están enla AsociaciónCivilReencuentro, que es un espacio de folklore en Morón sur. Allí organizan el Año Nuevo Criollo (21 de junio, cuando empieza el invierno, en sincronía con las celebraciones de los pueblos originarios, ofrecen un súper locro en la escuela 80 y mucho baile).

Para no aburrirse también es miembro dela Federaciónde Cooperadoras y participa activamente en los Foros de Seguridad moronenses.

Además, se puso a disposición de todo lo que requirió la escuela Nº 103 (actual EGB Nº 18) donde nació el proyecto del Jardín que era 956 y hoy es el Nº 909 que fue creado en Villa Udaondo en 1995 y donde, dos años mas tarde fue inaugurada una biblioteca escolar que la comunidad educativa propuso bautizar con el nombre de “Juan Carlos Turco”.

Una de las obligaciones que más disfruta es la de ser desde el 99 el Encargado de entregarles a los egresados de segundo grado de todas las escuelas de Castelar –públicas y privadas– los diplomas certificando que se reciben de “Niños Lectores”.

Este año se realiza un concurso de Cuento y Poesía para un grupo de escuelas zonales que él se ocupa de promocionar. Ah! Y concurre a un Taller Literario.

 

“A Castelar” por Juan Carlos Turco

Recorrí el mundo
En pos de ilusiones
Recalando en tu puerto
Sin playa y sin mar.
Trayendo en mi alforja
Humildes canciones
Un verso te canto
Bella Castelar.

Oh! Joven y hermosa
Ciudad de mi ensueño
No en vano es tu empeño
Ser grande y feliz.
El sol de tus tardes
Calienta mi invierno
En tus brazos amantes
Me entrego a vivir.

Por eso es que quiero
Mi canto ofrendarte
Mis versos son flores
Que pongo en tu altar
Y envío hacia el cielo
Como una plegaria
La página eterna,
Siempre Castelar.

En soleados jardines
Florece la vida,
En tu seno mi esfuerzo
Levantó su hogar.
Tu aire es suspiro,
esencia del alma
y encuentro la calma
en ti Castelar.

Rincón del oeste
Para ti mi canto
Me cubre tu manto
De estrella al pasar.
Tu lucero del alba
En el cielo argentino
Grande es tu destino,
Castelar, Castelar.