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Diego Aventín: la era de la madurez

En los  quince años que acumula gastando pistas como piloto en las categorías más importantes del país logró imponer un estilo personal.

Hijo de Oscar y sobrino de Tony –legendarios corredores campeones del TC–, “el Diego” del automovilismo valora sus raíces mientras construye sus  propias huellas.

En esta entrevista que –celebrando a los niños– se realizó merendando con tres mini periodistas, cuenta sobre su alta exigencia para poder enfrentra los desafíos profesionales y también nos permite “espiar” al vecino, un hombre sensible que ama a su familia y su barrio.

Rutina de Campeones

Diego se levanta todos los días de la semana a las seis de la mañana. Corre y hace gimnasia supervisado por su entrenador Sergio Larrosa y cuando puede durante la tarde suma natación que le aporta capacidad aeróbica y elasticidad. También asiste dos o tres veces por semana a un centro especializado en alto rendimiento (Ácumen) para ejercitar su nivel psicofísico, mental y de campo visual. Así logró por ejemplo no usar más los espejos retrovisores y manejar atento a las sombras de los autos. Todo esto lo ayuda a conocerse a sí mismo más profundamente y afinar concentración y reacción.

“Tengo 29 años y compito con chicos de 20 que muestran mayor facilidad para todo y empujan mucho, entonces el entrenamiento hay que tomarlo como una obligación para estar vigente. Hoy los niveles de exigencia que se manejan en este deporte son muy altos. No hay prácticamente diferencias técnicas entre los coches que pelean la punta; podés encontrar una o dos décimas de distancia; por eso es fundamental afinar al máximo la precisión del piloto.

El Tiempo es Veloz

Este año Diego compite en Turismo Carretera y Top Race.

“El estar en dos categorías me da ciertas ventajas con respecto al manejo de los tiempos que no se tienen cuando se corre en tres; pero me acaban de llamar de Toyota por lo que probablemente en el 2011 vuelva al TC 2000”

¿Cuál es tu máximo objetivo para este año?

Y… concretar el sueño de todos los que estamos en esto; salir campeón del TC. Experimenté la alegría del Uno en la Top Race y de los diez años que llevo corriendo en el TC peleé siete campeonatos. Muchas de las metas que me propuse las he cumplido; gané más de cien carreras que es un número importantísimo para mí. Ahora me concentro en lo que está por venir en los años que me quedan dentro de la categoría.

¿Siendo tan joven te estás planteando la idea del retiro?

El automovilismo es una gran pasión que se siente durante los cuarenta minutos que corrés, pero luego hay que sostener. Yo he manejado 60 ó 70 mil kilómetros de ruta en un año vivenciando el pasar semanas enteras probando y cuando llegué a la pista di una vuelta, se clavó el motor y me tuve que volver sin correr. Además están los compromisos, exigencias y presiones que hay que saber administrar y también limitar para que el desgaste no te destruya.

Aunque mi pasión está intacta, desde la experiencia uno aprende a reconocer sus posibilidades y se va preparando para los cambios, que no serán inmediatos pero en unos años llegarán. Obviamente seguiré manteniendo mi equipo de competición, pero no planeo conducir el auto eternamente.

En un ambiente tan competitivo es notable tu actitud centrada, tu madurez en los conceptos, tu reflexión previa a dar respuestas.

¿Cómo domesticás las cuestiones del ego?

El manejo del ego viene de la mano de la educación. A mí me enseñaron con ejemplos cotidianos que todo se consigue laburando y así lo practico. Yo por ejemplo voy al gimnasio porque considero que esforzarme para estar en las mejores condiciones en cada carrera es lo que me corresponde hacer para estar a la par del equipo que trabaja duramente en el auto en función de un objetivo.

Y si un domingo gano está bueno, pero es una circunstancia más de la vida, no te sube a ningún otro podio que el de esos minutitos del festejo, después hay que volver a empezar de cero cada día.

¿Y el disfrute?

Existe, voy a almorzar o a cenar y brindo por esa carrera, pero conciente que se terminó ahí; el Lunes sólo pienso en la próxima. Si te enganchás demasiado con un triunfo te relajás y si perdés arrastrás el fracaso. En esta disciplina hay que aprender a soltar los resultados enseguida.

¿Otra pasión además del automovilismo?

Mi Familia. Me encanta estar en casa, con mi mujer y mi nena. O viajar con ellas a distintos lugares solos. La pasamos bien con cosas tranquilas: andamos en bici; o mi esposa anda en roller y yo voy al lado corriendo, con el carrito de la gorda. O comemos hamburguesas.

Uma y mi mujer son mis ojos. Y no hay palabras para describir el amor que me inspira esta hija, me llena de placer. Yo comparto mucho con ella, cumplo con lo mío pero si un día puedo cortar a las dos de la tarde huyo para estar en mi casa o disfruto al ir a buscarla al jardín. Creo que Dios me ha premiado con esta familia que formamos que me hace tan feliz.

¿Desde cuándo vivís en Castelar?

La mayor parte de mi vida. Yo nací en Morón, vivimos a Castelar hasta mis quince años cuando me mudé hasta los dieciocho con mis padres a Francisco Alvarez. Luego viví solo en Morón hasta los veinticinco años y cuando me casé volví a Castelar.

¿Por qué elegís este lugar?

Porque Castelar es mi barrio, es mi zona, es mi gente. Yo me saludo con el quiosquero, con la almacenera de al lado, con el que hace los mejores sándwiches de miga, con el que vende ropa; mi hija va a una escuela de acá. Acá está la gente que me quiere, que me trata bien, que me cuida. Ahora nos vamos a mudar… a la vuelta. De Castelar no me voy más, el que me quiere encontrar sabe que estoy aquí: mis amigos, mi familia, mis suegros.

 

La entrevista de los Chicos 

Diego aprendió a manejar a los siete años. “Nos estábamos yendo por la ruta 2 a veranear en una coupé fuego automática y mi papá me dijo que condujera yo. Me puso un almohadón y aceleré”, recuerda mientras valora la fortaleza del sistema nervioso de su mamá Lidia, quien no terminaba de padecer la vocación de su marido cuando inauguró el sufrimiento por la misma en su hijo.

Con dicha anécdota cuyo protagonista se apuró en aclarar que no está buena para imitar en esta época, los pequeños periodistas invitados para formar parte de esta nota se animaron a preguntar…

Nico Miori, 9 años

¿Cuántos años tenías cuando empezaste a correr?

Tenía catorce pero lo más cómico fue que en aquel tiempo yo jugaba a la pelota –era malísimo– y no me interesaban para nada los fierros, ni siquiera acompañaba a mi papá en muchas de sus carreras a las que consideraba su trabajo y nada más. Un día mi cuñado me pidió que fuera a reemplazarlo en una prueba porque él no llegaba, y no me bajé más!

Empecé en una Nissan 300 color azul en la categoría Super Turismo 3000. Enseguida ingresé en la categoría GTI; armamos mi propio equipo y en el 96 corrí con el auto que me hizo quien considero es un ejemplo de vida: Horacio Lepiane. Mis primeros campeonatos los gané gracias a él. Con un BMW 323, luego uno 325 gris… Tenía 15 años cuando gané por primera vez en el Autódromo de la ciudad de Buenos Aires.

¿Qué sentiste?

Al principio no entendía nada, para mí era muy loco subir a un podio y ver a toda esa gente allá abajo. El primer choque grande fue cuando llegué al colegio (fue al San José de Morón y luego al Sofía Barat de Castelar) y los chicos me aplaudían. Me costaba comprender qué había pasado.

¿Te acordás de esa vez que tu auto salió volando?

Siii, cuando volqué en Balcarce. Ese fue el único golpe fuerte que tuve; en el 2006.

Juan Ortigoza, 10 años

¿Cuando eras chico alguna vez pensaste que llegarías tan lejos?

No; ni siquiera fantaseaba con correr. Y cuando comencé a hacerlo tampoco imaginé proyectos a largo plazo; siempre me propuse objetivos cortos para trabajarlos intensamente como “de acá a fin de año quiero ganar por lo menos dos carreras”. A partir de eso me concentré en entrenarme al máximo físicamente, armar el mejor equipo, hacer todo lo necesario para intentar alcanzar la meta. Tal vez esa “fórmula” de exigirme focalizando en lo cercano es la que me ayudó a obtener resultados rápido.

¿Estás conforme con todos tus logros?

No me lo puse a pensar… Ese planteo tal vez lo haga cuando me retire. Hoy me gustaría seguir disfrutando y consiguiendo cosas. Sí puedo asegurar que tengo la tranquilidad de que en todo lo que hice di lo mejor que tenía.

En los años que llevás corriendo, ¿cuál fue tu carrera más complicada?

Hubo varias. Algunas que corrí con lluvia, varias en las que estaba enfermo, otras en las que el auto fallaba…

Pase lo que pase nunca dejás de correr ¿no?

Y no; si bien se te hace mucho más difícil, mientras el auto responda sigo. He competido con fiebre, por ejemplo. Y una vez con una lluvia torrencial –que no te permite ver porque se empañan los vidrios con el vapor del auto– gané.

¿Cuál fue el auto más rápido que corriste?

Un auto tipo Corvette, en la categoría GTA, en el circuito de Rafaela. Llegaba a 310km por hora.

¿Volaste no? (los ojos de Juan se agrandaron de asombro.)

Sí, era rapidísimo.

¿No te da vértigo o miedo a veces en las carreras?

Miedo no. Lo que sentía antes cuando no conocía el manejo de los otros pilotos, era temor a las reacciones frente a distintas situaciones en la pista que pudieran tener y me afectaran.

Hoy les conozco el estilo individual y eso me genera tranquilidad.

Me llama la atención que siempre apoyás a todo tu equipo; que no te agrandás si ganás, como que sos honesto…

Es que un auto de carrera no se hace solo. Un jugador de fútbol, si bien forma parte de un equipo, puede desplegar sus habilidades individualmente, pero un corredor depende de lo que le brinde su auto. Y ese auto lo hacen el hombre que te hace el motor, el chico que te lo limpia, el señor que aprieta las ruedas y el piloto es el privilegiado que lo disfruta. Entonces es claro que la posibilidad de ser exitoso depende de ese grupo que te acompaña.

¿Te resulta pesado que la gente te reconozca?

Noo. Yo ando por todos lados y no pasa nada; esa pregunta es para el otro Diego, para Maradona. En el interior que son súper fanáticos de los fierros a lo mejor sí nos reconocen por la calle, pero a mí no me molesta, al contrario, me encanta. Es compartir con la gente que permite que exista la actividad que realizo.

Julián Ferrazzuolo, 9 años

¿Cuántas copas ganaste hasta ahora?

Y, fueron unas cuantas. Pero guardadas debo tener unas diez porque el resto se las regalo a los chicos que trabajan conmigo o a conocidos a los que aprecio y sé que la valoran y la van a cuidar. Para mí es muy lindo ir a una  casa y ver que allí está una copa mía.

Hubo un año que sumando las tres categorías gané veinte carreras y como llevo varios años en esto y vivo en un departamento es complicado tenerlas a todas juntas.

¿En qué año ganaste la primera copa?

En 1995.

¿Cuántas veces saliste campeón?

Una en GTI, una en Top Race y una en GTA. Y salí subcampeón de TC, de Top Race y de TC 2000.

Síntesis Deportiva

A los 14 años Diego debuta como invitado en la categoría Super Turismo3000. Alos 15 ingresa en la categoría GTI donde al año siguiente sale campeón.

En 1998 debuta en TC Pista triunfando en el autódromo de la ciudad de Bs. As. Y se consagra Sub Campeón. A dicha actividad la acompaña incursionando en la flamante categoría Top Race donde termina 3º.

En 1999 llega al Turismo Carretera convirtiéndose en el piloto más joven en subir a un auto de la categoría.

En 2002 fue el piloto más ganador del año tanto en Turismo Carretera como en Top Race.

En 2003 Oreste Berta lo convoca para correr en el equipo Ford YPF del TC 2000. En 2006 se queda con el subcampeonato y al año siguiente vuelve a pelear por el Uno con el equipo LSG y desde 2008 estará con un Ford atendido por el Haz Racing.

Al finalizar el 2008 Diego anunció que formaría su propia estructura para la próxima temporada de la

mano de Canapino y Laborito. Actualmente, sigue con su propia estructura y asistencia de Alifraco en chasis y Laborito en motor.

Mensaje para los chicos 

Ser niño es lo mejor de la vida; es increíble. Mis recuerdos más hermosos son de esa época: el estar con mis abuelos, con mis tíos, he disfrutado todo. Me mimaron mucho, me llevaban para todos lados, era el hermanito chiquito de mis cuatro hermanas que me malcriaban, jugaba a la pelota, iba a dormir a la casa de mis amigos… Por lo tanto lo que primero les diría es que disfruten mucho.

Y para lo que viene, yo no me considero un ejemplo, pero creo que puedo transmitir lo que he probado y es la base para construir un proyecto de vida: hay que ponerse objetivos y trabajar por ellos. Y saber que los mejores sponsors que van a tener en sus vidas son sus padres. Ellos desean lo mejor para ustedes por eso es lindo apoyarse en ellos.

Es fundamental crecer siendo sano, practicando deportes que los lleven a elegir un estilo de vida, a madurar, a esforzarte. En cualquier cosa que deseen ser hay que “hacer los deberes” bien. Y tener presente de donde venís para saber hacia donde vas sin perder la esencia.

Los muchachos del equipo

Entre varios síntomas que revelan que Diego Aventin es un buen tipo, está el valor que le da a su equipo; “mi gente”, como los llama, con quienes se vincula y siente casi como su familia. “Estos chicos que dejan sus propias vidas por acompañarme, se merecen que yo esté pendiente de lo que ellos necesitan y que entregue mi máximo esfuerzo en cada ocasión para que lo que hacen tenga sentido. Es mucho más sacrificado su trabajo que el mío”.

En el nombre del Padre

Mi viejo me dio desde el principio lecciones de conducta y de profesionalismo que ya en su época las aplicaba y siguen vigentes. Por algo logró sus campeonatos, por algo es un referente; y hoy en día ante cualquier consulta o duda que me surja voy a la fuente: el me hizo llegar hasta acá y para adelante voy a seguir con él.