¿Cuál es Timbúes? « Castelar Sensible
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¿Cuál es Timbúes?

La calle minúscula apenas si es advertida. De escasos 50 metros aparece breve y diminuta, trascendente y puede que obligatoria.

Como una heredera no reconocida de Los Incas, nace donde ésta agoniza y se deshace – tal el sueño de muchos- a las puertas de un banco en Arias.

Los tacheros no tienen más remedio que salir por la callecita aludida en un viaje repetido e interminable. El peatón desconfía en su extravío; duda un instante casi siempre.

Los coches atestan sus cordones y las gentes se atropellan en sus veredas, angostas como los zaguanes de otrora donde se consumaba el chamuyo.

Antenas y cables, ruido de aire acondicionado; el cielo es masticado por la edificación. El atardecer la llena de sombras hasta el borde y las palomas mendigan por sol desde las molduras de un primer piso con verdes postigos.

Un helecho toma un balcón de alquiler y el yuyal se cuela entre el cemento; calle sin árboles, chica pasa sin temor.

La de la botica, del feca en cada esquina y el barcito que honra -quizá sin saberlo- a Justo Suárez, el de Mataderos y Cortázar. La del conductor quejumbroso, de la venta de libros ambulantes y a la que le sobran perros que le ladren. La de la heladería más añeja del barrio.

La penumbra de otra torre marchitó la florería y todo lo demás; torre -se deduce- es antónimo de Castelar. Olor nauseoso del progreso. Sí permanecen, como un barco viejo, las ruinas de un comité radical.

Ya no paran los bondis ni vocea el canillita. Del cabaré quedan los relatos, los charlatanes de feria fabulando hazañas y el suspiro del entonces iniciado lamentando el urgente transcurso del tiempo.

Su música está en los trenes, su arte es un mural de aquel paraje que se hizo ciudad, su poesía busca un autor sin faltas de ortografía.

Peatones apuran el paso y se entregan a los trenes que los llevan a sus trabajos; ojean la calle como a un libro que nunca leerán.

La noche la encuentra solitaria; apenas el rumor que llega de las vías. Las persianas bajas esperan algún orín, unos trastos aguardan al botellero y el nuevo día, la absurda prisa.

Sus curvas escupen autos, su paisaje conserva un pedacito del norte de Castelar y la respuesta que dispara el titular.