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La Madre

La manera en que todas las criaturas vivientes venimos a este mundo, acaso nos diga mucho acerca de la naturaleza del mismo. El modo en que aparecemos en él, surgiendo desde las mismas entrañas de otro ser, distinto y el mismo, celebrando un lazo inquebrantable que nos liga a ese otro ser y, a través de él, a una cadena extensa e inabarcable de otros seres, nos ofrece una mirada y una clave, tal vez, de cómo esta vida nuestra puede – acaso debe – ser vivida.

Quien escribe no se demorará aquí en un análisis sobre la figura universal de la madre y su representación; ya filósofos, psicólogos, sociólogos y antropólogos lo hacen, sin duda con mayor pericia y autoridad.

En cambio, sí, se intentará señalar un rumbo posible o, como se dijo, aportar una clave.

En este sentido, quiero rescatar aquí un dato, traer al presente una simple anécdota transmitida por un testigo de la época de Francisco, el pobre de Asís. Este testimonio, vertido en las páginas del entrañable libro de las Florecillas,, dice simplemente –y nada menos-, que el trato que se prodigaban el uno al otro, en aquélla primera pequeña comunidad creada por Francisco, no era fraternal. No era tampoco el que se da entre un grupo de amigos. El testigo nos narra, azorado, que ‘se tratan unos a otros como si cada uno fuera la madre de todos los demás’.

En este momento que vivimos, en el que se exacerban las pasiones, en el que un odio inexplicable parece apoderarse de los ánimos de muchos, ¿no resulta interesante y aconsejable incluso, intentar al menos parecernos un poquito, a este Francisco y sus hermanitos?

En India, la madre de todas las culturas, existe una tradición oral –entre los millares de tradiciones que han sabido tejer en su historia sin fin- que invita al respeto por todos los seres, basándose en el hecho de que, en el curso de incontables encarnaciones, todas las criaturas han sido, siquiera una vez, su madre.

Es la convicción de quien escribe que la humanidad, dentro de cien o mil o cien mil años –poco importa cuánto-, hará el más grande descubrimiento de la historia, que puede expresarse en las siguientes palabras : ‘el otro soy yo mismo’. Allí dará comienzo otra sociedad cuya naturaleza no puedo siquiera imaginar.

Mientras tanto, aquí y ahora, ¿no sería oportuno, no estaría bueno intentarlo?

¡Feliz día de la Madre!  ¡A Todas!

 

Carlos Francisco Fernández
Sanación por la Voz
charliffmaire@yahoo.com.ar