Relatos y melodías del barrio « Castelar Sensible
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Relatos y melodías del barrio

“Perdoná si al evocarte se me pianta un lagrimón”, crónica de norte a sur.

Dirá el tipo que ahí mismo paraba la feria cuando pibe y que más allá, en la curva y hasta no hace mucho, la pared gritaba Miguelito Bicicleta Blanca.

Que adonde ahora está la plaza dos linyeras fumaban despreocupados y silbaban tangos. Que los días no se atropellaban y los crucigramas de entonces repetían la palabra estafa.

El tipo oye la música del afilador e imagina a la víctima. Recuerda cuadras, atardeceres y tormentas y olvida nombres, esquinas y lágrimas.

Camina lerdo, busca un farol que ya no, pita el pucho del cigarro; trepa al andén y en el copetín se toma un vino con soda. El vaivén de los trenes como olas, el sol tiñendo el oeste, una rata en las vías.

Un par de vendedores ambulantes hablan de fóbal y coinciden que el de antes era mejor; queman la guita en ginebra y ríen melancólicos.

El tipo escucha atento mas opta por el silencio y se va cuando el sifón deja de escupir. Del altavoz insisten con mensajes incomprensibles.

Mira al sur y lo abraza. Hurga los libros que remata la librería y se enamora de dos. A la puerta del correo advierte como el buzón no puede evitar morirse de a poco.

Los colectivos llevan y traen rutinas, los perros buscan tesoro en la basura y las gentes se persignan al pasar por la iglesia.

Se refugia en el pasaje, que espera amargamente una docena de mudanzas, cuando la noche cae en la ciudad insecto.

El tipo se entrevera por las callecitas habituadas al rezongo del ferrocarril; en lo de Rober, el velador prendido del comedor y un grito de gol atragantado.

Piensa en los domingos que se fueron, en lo que omitió la borra del café y en las imprudencias del tiempo.

Cruza la vía y las vidrieras de la avenida le hablan en inglés pero el tipo nunca lo manyó. Llega al boliche de los Corvi donde esperan los gomias y le empatan a la muerte.

Por el ventanal pispea al ex combatiente que deambula desde hace treinta años y le da lo mismo pisar las baldosas flojas.

El tipo busca la calle y gambetea el charco que se hace en la vereda de la pescadería. Una pareja aguarda un taxi, un poeta recita tristezas y es como si se le rompiesen los vidrios del alma.

A la noche le sangra la nariz, el tipo no quiere oír más cuentos y mientras se pierde en la cortada, canta repetidamente ¿Por qué no puedo olvidar tu risa?

Fotos: Carina Felice