Sin saber por qué « Castelar Sensible
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Sin saber por qué

“Dobló la esquina del barrio y, curda ya de recuerdos, como volcando un
veneno esto se le oyó acusar”.

El tipo decide bajarse del bondi abajo del puente. Vocea el canilla sanatas del diario mientras los albañiles, sin pausa, agrandan los tribunales donde también pagan inocentes.

Pegado al alambrado del club mira como los pendejos intentan rabonas y sus padres gastan a cuenta una ilusión ajena.

Sin tren no hay deseo y sin deseo la vida es un domingo a la tarde piensa el tipo al pasar por el túnel del ferrocarril.

Hace malabares por el costado de la vía y elude, como el wing que nunca se animó a ser, botellas vacías de algún curda.

Los trenes atestados hamacan al pasaje. El tipo puede verse en cualquier rostro cansado del mal aliento de la rutina.

El murmullo de los camiones, el timbre que rompe otro recreo y le clava una daga a los pibes, la calle que no se cansa de escupir autos a ninguna parte.

Recuerda que de chico pateaba esas veredas desparejas para ver aguerridos duelos de Morón cuando el fobal le mentía al oído.

Los árboles desnudos ansían primaveras y el punga una de cuero repleta que le justifique el día parado en el paso a nivel. El tipo lo juna mas no se sabe ortiba de la cana.

Oye al botellero que compra colchones sin sueños, calefones y trastos viejos. La caravana que lo persigue le toca bocina pero el matungo no acusa recibo y tira del carro cachuso.

El guardabarrera cuenta vagones y no aparece su percanta, el frutero escribe ofertas en la pizarra y el almacenero prefiere fiar a tratar con el banco.

En la funeraria exequias, desconsuelo y café tibio. El tipo imagina lo difícil de empezar a extrañar y de hablar en pasado.

Pita el pucho de la vida, escucha el rezongo de la estación y la conversa de los crotos. La avenida se abre como un tajo, el vaivén de las gentes, la misma canción de siempre.

Recala en el boliche, dos jovatos repiten el estribillo de cada mañana y en la tevé insisten con el camelo.

El tipo pide ginebra y llena el vaso esperando olvidar un dolor. Mira la calle sin mirar, los recuerdos se le sientan de prepo en la mesa y juntos vacían la botella.

Sale medio descolado y sin obtener respuesta se pregunta que llevarán de equipaje los locos, los presos y los fugitivos.